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jueves, 16 de marzo de 2017

Los Evangélicos, las Cachúas y el Respeto por la Cultura


 "Pero los feligreses de esas denominaciones evangélicas.... las llaman satánicas, y a los disfrazados influenciados por el diablo, por el demonio, invitan a las personas a abandonar la práctica bajo el terror".

"En ocasiones las predicas se hacen en el mismo corazón del evento, y biblia en mano, atraen la atención!.

Hace algunos días leí una información de que los Wiwas, una tribu indígena con incidencia en Magdalena, César y La Guajira, Colombia, “[…] se cansaron de las prédicas encendidas que contribuían al exterminio físico, cultural y espiritual de su etnia, de ser llamados paganos, infieles y adoradores de satanás”. Por ello tomaron la decisión de sacar de sus tierras a los pastores de las diferentes denominaciones religiosas que se habían asentado en ellas, en principio con su indiferencia, la razón: ponían en peligro su cultura. Y fue que las actuaciones de los predicadores estaban incidiendo en la desaparición de sus creencias y en actuaciones ancestrales que en ocasiones no tenían que ver no necesariamente con dogmas, sino con costumbres, por ejemplo: masticar coca antes de ir al trabajo. La información me llevó a la reflexión sobre expresiones culturales cabraleñas, principalmente Las Cachúas y el efecto que en su celebración vienen teniendo las predicas de las diferentes denominaciones religiosas que hacen vida en el radio del pueblo de Cabral.

Si bien las iglesias evangélicas existen en el pueblo desde mediados del siglo XX, su crecimiento real e impacto más importante se remonta a unos veinte o veinticinco años, tiempo en el cual han crecido de forma exponencial. De hecho, en tal período, varias iglesias y aun concilios han surgido en el pueblo, producto de desprendimientos de otras denominaciones internacionales y aun de creación vernácula. Es así que Cabral ha visto el germinar de muchos dirigentes locales que tutelan las iglesias, con toda la fuerza y características de aquellas que tienen sus raíces en otros países o localidades.

Esas iglesias pentecostales, enclavadas en todos los barrios del pueblo, han tenido un impacto en todos los órdenes, muchos de ellos en positivo. Sus feligreses salen con frecuencia a recorrer las calles llevando las predicas cristianas. Ellos prohíjan la inserción en la religión y el abandono de la vida “mundana” en que, a su juicio, están sumergidos los habitantes de la localidad, aunque con mecanismos no muy adecuados, logran la inserción de jóvenes sociales sanos y con condiciones morales que fortalecen la comunidad.

Pero los feligreses de esas denominaciones evangélicas, en los días cercanos a la Semana Santa, a sabiendas de las celebraciones de Las Cachúas y el desfile del carnaval (aunque algunos, en una incomprensible actuación, aprovechan el evento para realizar actividades y kermesse de alimentos para recaudar fondos en beneficio de su denominación) muchos se dedican a efectuar predicas apasionadas y vehementes contra Las Cachúas a viva voz, sea dentro de los templos y en todas partes. Ellos las llaman satánicas, y a los disfrazados influenciados por el diablo, por el demonio, invitan a las personas a abandonar la práctica bajo el terror, señalando que se deben arrepentir, sino pueden morir durante las fiestas e irse al mismísimo infierno. En ocasiones las predicas se hacen en el mismo corazón del evento, y biblia en mano, atraen la atención. Detrás de ellos varios adultos, jóvenes y niños asientas con la cabeza, como autómatas y orgullosos se muestran alejados de lo que ellos llaman “paganismo” y perversidad de la influencia carnal mundana que impone satanás reflejada en Las Cachúas.

En realidad, esas predicas incendiarias y aviesas operan directamente contra la expresión cultural, la creación colectiva del pueblo, contra su corazón: los jovenes. Contribuyen, por lo menos, a que su impacto no sea mayor. En un principio están dirigidas a los miembros de la iglesia, los que no participan y aun después de abandonar la denominación se alejan de ella y, después, al resto de la población. Las predicas de los evangélicos no solo constituyen una violación de derechos humanos, pues son parte de la intolerancia cultural ejercida por ellos, sino, también, que están poniendo en peligro la cultura, contribuyendo sino a su exterminio, a la desaparición, por lo menos a la desidia hacia la festividad. Están haciendo un daño reparable a la larga irreparable, que amerita de un cambio de comprensión y visión.

Es así que los evangélicos, dirigidos por sus pastores, deben apostar a la tolerancia, al respeto, si bien pueden optar por mantenerse al margen, no tienen el derecho ejercer acciones coercitivas y predicas contra la expresión cultural. Deben dejar la práctica de llamar paganos, infieles, satánicos, impíos y candidatos a ir al infierno a los que deciden mantener la cultura y participar en ella. Deben de dejar de contribuir a la desaparición de la expresión cultural más emblemática de la región y del pueblo: Las Cachúas de Cabral.

Escrito por Welnel Dario Féliz (historiador).
Miembro oficial de la Academia Dominicana de la Historia.