
TEGUCIGALPA, 26 sept.- El depuesto presidente Manuel Zelaya se encuentra en buen estado de salud a pesar del supuesto ataque con gases tóxicos a la embajada de Brasil donde está refugiado, mientras miles de sus seguidores recorrieron el sábado las calles de la capital y se concentraron en las cercanías de la sede diplomática.
"El presidente presentaba (el viernes) resequedad en la garganta y dolor estomacal, pero ya está casi recuperado en su totalidad y sigue firme en sus convicciones", dijo Andrés Pavón que preside el no gubernamental Comité para la Defensa de los Derechos Humanos de Honduras.
Zelaya, quien permanece desde el lunes en la embajada brasileña en Tegucigalpa tras regresar sorpresivamente a Honduras, denunció que las autoridades de facto lanzaron algún tipo de gases tóxicos y dirigido dispositivos que aturden con sonidos hacia la sede diplomática, donde está con más de un centenar de personas.
Pavón dijo que personal "médico independiente" y de Naciones Unidas había ingresado a la sede diplomática y comprobado que muchas personas presentan cuadro clínicos de hemorragia nasal, problemas gastrointestinales, nauseas, vómitos, problemas auditivos y dolores de cabeza.
Pero señaló que "los problemas de salud están mejorando", aunque temen que se pueda generar más problemas debido a los precarias condiciones de salubridad, ya que las más de 100 personas "están usando el único baño y aún no se les permite el ingreso de ropa limpia".
La zona donde está ubicada la embajada de Brasil está resguardada por más 2.000 militares y cientos de policías y Pavón denunció que "siguen entorpeciendo la labor de ayuda humanitaria".
Señaló que este sábado se presentaron muy temprano con comida para que desayunaran, "pero tenemos más de seis horas esperando la autorización de los militares". Además, dijo, "no se nos permite el ingreso de ropa limpia" al recinto diplomático.
El defensor de los Derechos Humanos sostuvo que "la situación se está complicando" y afirmó que "van a tratar de darle largas, realmente no quieren dialogar".
Por su parte el gobierno de facto implantó un toque de queda en gran parte del país desde la 6 de la tarde del sábado hasta las 6 de la mañana del domingo.
No habrá toque de queda en el archipiélago de Islas de la Bahía, al norte de Honduras sobre el Caribe y Puerto Cortés, el principal de Centroamérica.
Entretanto millares de simpatizantes de Zelaya volvieron a salir a las calles para demandar la restitución del mandatario y advirtieron, "no vamos a parar".
"Nos han querido doblegar la moral, pero estamos más fuertes que nunca y vamos a seguir en las calles", dijo Juan Barahona de la dirección del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado.
"Aquí vamos otra vez, son 91 días que tenemos de estar en las calles y nadie nos va a parar", dijo la "Abuela I", como conocen a Dionicia Díaz de 75 años de edad.
Megáfono en mano, la Abuela I comenzó a dirigir a los manifestantes y los invitó a no provocar a los cientos de militares que seguían de cerca la marcha.
"No provoquen, ni se dejen provocar", gritaba la anciana.
La manifestación que recorrió varios kilómetros, hizo una pausa frente a la embajada de Estados Unidos, donde todos se sentaron en el piso y realizaron la "actividad del zapatazo" que consistió en quitarse sus zapatos y amenazaron con tirárselos al presidente de facto Roberto Micheletti.
"De un zapatazo te vamos a sacar", gritaban mientras levantaban sus zapatos.
La macha que pasó a pocos metros de la embajada de Brasil, donde los participantes gritaron consignas dando aliento a Zelaya, concluyó en el parque central sin que se reportaran incidentes con los militares y la policía.
Más tarde, otros miles de hondureños simpatizantes de Zelaya, se unieron a la llamada "mega caravana" de vehículos automotores que circularon por las principales calles y avenidas de Tegucigalpa, enarbolando banderas de Honduras, del partido Liberal y del izquierdista partido Unificación Democrática.
Las bocinas de centenares de automóviles, camiones, motocicletas y hasta autobuses, que no dejaron de sonar, llamaron la atención de los pobladores de esta capital que desde el 28 de junio, cuando derrocaron a Zelaya, viven bajo tensión.
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