
El acelerador de partículas más grande del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC),mejor conocido entre sus destractores como la "maquina de Dios",ya ha producido las primeras colisiones de protones, aunque a baja energía.
Los choques, una formidable promesa para el futuro, ocurrieron poco después de que la máquina metiera la «segunda marcha» y los haces de protones comenzaran a circular en direcciones opuestas.
Para el Centro Europeo de Física Nuclear (CERN) se trata de un paso fundamental para hacer realidad el gran experimento del siglo: recrear, en miniatura y bajo control, las condiciones en las que se originó el Universo
El arranque de la máquina no ha estado exento de detractores. Algunos científicos afirman que su puesta en marcha podría generar agujeros negros que lleguen a engullir la Tierra.
Un grupo internacional denominado ConCERNed ha presentado una queja frente al Comité de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra en la que denuncian los riesgos y peligros que supone el colisionador para la población. Creen que puede originar un agujero negro que engulla todo lo que encuentre a su alrededor.
Estas primeras colisiones se han producido apenas tres días después de volver a arrancar el acelerador con el lanzamiento de haces en una sola dirección, después de pasar 14 meses sometido a distintas reparaciones.
La máquina se inauguró en septiembre del pasado año ante una gran expectación. Entonces, una primer haz de protones consiguió dar la vuelta completa por el gigantesco túnel situado bajo la frontera de Francia y Suiza, pero apenas diez días después un fallo técnico dio al traste con el proyecto.
La idea ahora, una vez arrancada la máquina, es llevar los haces a una velocidad de 1.2TeVn (teraelectrovoltios) en estas semanas y no alcanzar la velocidad de 3.5TeV hasta mediados del año que viene. Una vez las colisiones se produzan con éxito a 3.5TeV, se intentarían elevar a 7TeV por haz. Entonces comenzará lo serio.
En la construcción del LHC se han invertido 12 años de trabajo, 4.000 millones de euros, y el esfuerzo combinado de 7.000 científicos.
Uno de los principales objetivos del experimento es poder recrear los instantes posteriores al «Big Bang», y obtener información trascendental sobre la creación del Universo. Otro de los retos es poder comprobar empíricamente la teoría estándar de la física, basada en el bosón de Higgs.
La existencia de esa partícula, que debe su nombre al científico que hace 30 años apuntó su realidad, se considera indispensable para explicar por qué las partículas elementales tienen masa y por qué las masas son tan diferentes entre si.
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