
Los residentes de Granite Falls miran con cierta desconfianza a los desconocidos y era previsible que lo mismo sucediese cuando apareció por allí un musulmán de Pakistán que abrió un bar en este pueblo minero.
Haroon Saleem, de 54 años, no obstante, se ganó en poco tiempo a todo el mundo y el 3 de noviembre fue elegido alcalde con el 61% de los más de 800 votos emitidos, un desenlace que los propios residentes dicen hubiera sido impensable hasta no hace mucho.
"En el Granite Falls de antes no había minorías. Era un pueblo dedicado a la explotación de la madera, bien duro. A cualquiera de afuera, fuese minoría o no, le costaba mucho ser aceptado", declaró Sharon Ashton, una amiga de Saleem.
Saleem dijo que, temeroso de no ser aceptado, contrató un administrador blanco cuando abrió su bar en el 2000.
"La verdad, estaba asustado", comentó.
La comunidad, sin embargo, le abrió las puertas desde el primer momento.
"Eso refleja lo buena que es esta comunidad", expresó, con acento paquistaní. "No les importó (que no fuese de aquí). Soy como soy, y la gente me quiere por eso. Saben que soy inteligente, que son comerciante. Todas estas cualidades me han hecho llegar hasta donde estoy".
Saleem afirma que después de los ataques del 11 de septiembre la comunidad no lo marginó sino que, por el contrario, se le acercó y le hizo saber que lo consideraban uno de ellos. Nadie repara en el hecho de que su esposa va a actos sociales con un vestido tradicional de su país.
El que sea el dueño de uno de los bebederos locales tal vez ayude, admite Saleem entre risas. Reconoce que el Timberline Cafe, con afiches de cervezas en sus paredes, no es la mejor forma de respetar el Islam, que prohíbe el consumo de alcohol. Pero Saleem no es el musulmán típico.
Es oriundo de Rawalpindi, ciudad próxima a Islamabad, la capital de Pakistán, donde el negocio de su padre se fue a la quiebra y había constantes riñas familiares. Saleem se fue a trabajar a Irán en la marina mercante y vino en 1979 a Estados Unidos con una visa temporal. Cuando la visa expiró, se quedó.
Vivió en Los Angeles, donde condujo taxis y se dedicó al juego, y en San Francisco, donde se casó. Escapó cuando las autoridades del servicio de inmigración se aprestaban a deportarlo. Poco después, se divorció.
En la década de 1980 fue beneficiado con una amnistía. Decidió tratar de darle un nuevo rumbo a su vida administrando restaurantes. Además, aceptó un matrimonio arreglado y ahora tiene una hija de 11 años. Trabajó por años en un restaurante de la cadena Jack in the Box y en otro restaurante antes de decidir abrir uno propio. Encontró un local atractivo en Granite Falls y lo alquiló. Dice que se enamoró del pueblo rápidamente, luego de vivir por años en grandes ciudades.
En su oficina, Saleem recibe constantes felicitaciones de empleados y clientes por su victoria.
Como alcalde, encara varios desafíos. En el 2003 la revista Rolling Stone describió a Granite Falls como un pueblo donde se vende metanfetaminas y esa imagen perdura. No se lleva bien con el jefe de la policía. La semana pasada, el jefe de bomberos fue acusado de beber en el trabajo.
Y, a pesar de su popularidad, no todos están contentos con la llegada a la alcaldía de este hombre pelado, con bigote y un acento raro.
Los partidarios el viejo alcalde, Lyle Romack, dicen que Saleem hizo una campaña sucia y cuestionan su integridad. Señalan que vivió sin papeles varios años en este país y que tuvo algunas violaciones a las normas que rigen los bares.
"Me decepcionan mucho las decisiones que tomó en el pasado, que no reflejan una buena personalidad ni las aptitudes que debe tener un gobernante", declaró Debbie Taylor, una ex concejal.
Durante la campaña electoral surgió un portal "anybodybutsaleem.com" (cualquiera menos saleeem), el cual destaca que Saleem se hace llamar Jeque H. Saleem.
Jeque es un nombre común entre los árabes.
"¿Por qué no quiere usar su nombre real?", pregunta el portal. Después de su elección, el portal dijo: "¡Dios Santo! ¿Qué hemos hecho?".
La persona que maneja el portal no quiso hablar con la AP.
Saleem dice que no le importan ese tipo de ataques y que el asunto de su nombre "es lo único que pudieron encontrar" para criticarlo.
Barbara Webster, administradora de una peluquería cercana al bar de Saleem, expresó que le parece que el nuevo alcalde quiere ayudar a los pequeños comerciantes como ella.
"Siempre se portó muy bien conmigo", manifestó. "No lo veo como un musulmán. Algunos otros, sobre todo los más viejos, tal vez sí, pero creo que él superó todo eso".
"Para las minorías, Estados Unidos es un gran lugar, donde uno puede lograr lo que se proponga. Ese es el sueño americano. Esa es la razón por la que millones de personas han venido o quieren venir", acotó.
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