Este domingo se celebra en la República Dominicana, con infinidad de actividades, el “Día de las Madres”, considerada como símbolo permanente de la procreación y de la permanencia del género humano sobre la faz de la tierra por disposición divina y natural.
Si bien es cierto que ser madre constituye para muchas mujeres una virtud, no es menos cierto que esa labor titánica es definitivamente un reto, así lo consideró la licenciada Liduvina Bravo, directora del centro educativo Club Los Gigantes de Herrera.
Bravo aseveró que el rol de madre es el que exige más retos y también la más difícil de las profesiones. “Una madre termina el día emocional y físicamente exhausta, pero aún así saca fuerzas para responder al llamado de sus hijos”.
“Ella esta llamada a aceptar el desafío de crear el capital humano del mañana y la obligación moral de empeñar nuestros quehaceres para que nuestros hijos se desenvuelvan en un ambiente de cariño, disciplina y respeto; enseñándolos, alimentándolos, cuidándolos, de inculcarles las normas de conducta y los valores que habrán de acompañarlos por siempre, de darles las herramientas que les permitan ser independientes, de enseñarles a elegir por sí mismos, en definitiva, de entregarle a la sociedad hombres y mujeres de bien. En ese sentido, es que el rol de ser madre lo considero como un reto", afirmó.
Este papel vital de formadora de los más pequeños y de la esperanza del mañana, debe sobreponerse ante cualquier sociedad que le niegue el apoyo moral y financiero que ella merece, señaló Liduvina.
No niego que la maternidad sea una virtud, pero los constantes cambios hacen de este rol una labor muy difícil, el permanente cambio social, corrientes culturales contrarias a la familia, la falta de recursos económicos, generan numerosos problemas, por esta razón debe quedar claro que la maternidad no es sólo asunto de la mujer, es una realidad que debe ser vivida por el padre y por la madre, con el apoyo de la sociedad, aclaró la educadora.
Para la doctora Juana Rivera, la maternidad no es solamente una carga más de las que se le han impuesto a las mujeres, la maternidad es una vocación que lleva consigo la transmisión de la vida.
“Para mi es un privilegio que el señor me haya usado como el canal para traer vida al mundo. Ser madre me convierte en el único ser del mundo capaz de ofrecer amor incondicional contra el amor egoísta a mi misma y a mis derechos”, acentuó.
“Ya no podemos pensar en función de nosotras mismas, todo depende de nuestros hijos, la mínima cosa que hagamos, depende de ellos, todo, absolutamente todo, está condicionado a ellos”, expresó.
Afirmó que “las madres no tienen tiempo de pensar en el sacrificio y la entrega, eso sucede espontáneamente. Los cambios vienen por sí solos, desde que los bebés entran en el vientre, los cambios llegan solitos y nos adaptamos sin darnos cuenta”.
Atestiguó que el amor incondicional de las madres implica ponerle un toque femenino a la familia y a la sociedad, ser capaz de vivir el amplio significado de la maternidad, amar, apoyar, educar, respetar, conocer a sus hijos y a quienes acoja como sus hijos.
En definitiva, la labor de la madre es la que nunca termina y su gran amor es incomparable, sólo lo supera el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros, afirmó.
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