
SANTO DOMINGO.- La educación sigue siendo el talón de Aquiles de la equidad social y el desarrollo en la República Dominicana. Bajísimo presupuesto, ineficiencia en el gasto, mala calidad docente, son algunos de los incontables escollos por las que el país saca él también pésimas notas frente al resto de la América Latina.
Los datos aportados por el informe “Política social: capacidades y derechos” elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) no son exactamente novedosos, pero tienen el mérito, gracias a su prolijidad y organización, de no dejar dudas sobre el riesgo que representa para el futuro que la escuela dominicana sea hoy la que es.
Nunca será peregrino insistir sobre el nivel del gasto en educación, porque ayuda a entender todos los demás datos sobre el sector. De acuerdo con el informe, durante los años noventa el gasto de la entonces Secretaría de Ecuación Pública (hoy Ministerio) y del gasto público, experimentaron un notable incremento, teniendo su pico máximo en 1999 para los primeros y en 2002, para los segundos.
A partir de este último año, y producto de la crisis financiera provocado por la quiebra fraudulenta de dos de los principales bancos comerciales, el gasto público en educación cae en picado, situándose en el 1.5% del producto interno bruto (PIB) en 2004. Cuatro años más tarde, en 2008, el incremento es insignificante: un 0.5 por ciento.
Además de exiguo, el uso del gasto público en educación es ineficiente: las escuelas no cuentan con recursos para traspasar al estudiante competencias que le permitan insertarse adecuadamente en el mercado laboral, y los disponibles no son aprovechados convenientemente. Añádase que el promedio de clases es de cinco horas, y que éstas son de apenas 35 minutos, y se comprenderá el porqué no es posible desarrollar “actividades innovadoras que promuevan la reflexión crítica”.
Además, existe una disonancia entre los contenidos del currículo y la utilidad de la información que traspasan. Esto provoca que los estudiantes no estén capacitados para contextuar lo que aprenden en la realidad social, económica y política nacional, regional y global, señala el informe..
Entre los males del sistema educativo, y no precisamente el menor, está también la coexistencia de dos modelos: uno bueno para los grupos ricos y otro, malo, para los pobres. Brecha que se ensancha y se “naturaliza” sin que el Estado busque cerrarla.
Las desventajas para los pobres de esta dualidad se expresa el tipo de profesores responsable de “formarlo”: “ El profesorado dominicano proviene en general de sectores socioeconómicos bajos, con deficientes niveles educativos y desarrolla su labor en condiciones poco adecuadas, con escasos recursos metodológicos y materiales. En general, las escuelas en que trabajan no cuentan con electricidad ni servicios sanitarios adecuados, no disponen de equipamiento apropiado ni de recursos que promuevan prácticas innovadoras. La organización por tandas de la jornada escolar y la escasez de períodos de clase limitan las posibilidades de desarrollo de actividades de aprendizaje significativas para los y las estudiantes y tampoco promueven la existencia de espacios para la reflexión entre pares ni para la capacitación en la acción”.
No por azar, entonces, los estudiantes de la escuela dominicana están progresivamente rezagados de sus pares de América Latina. Además de algunos valiosos datos sobre las pobres competencias en materias básicas, como las Matemáticas y la Gramática, los estudiantes dominicanos tienen en relación con los latinoamericanos y caribeños, menos escuelas con agua potable y con bibliotecas, menos libros por biblioteca y menos escuelas con salas de computación.
7dias.com.do
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