
El ejemplo más palpable del “macuteo”, que no es más que el pago que exigen los agentes policiales por permitir que una persona acceda a un derecho es, sin lugar a dudas, la cárcel La Victoria.
Desde que una persona se asoma a la puerta, lo primero que le dicen descaradamente los agentes es “dame lo mío”. Esta frase se repite en los tres chequeos que se practica a los visitantes, marcados con un sello para diferenciarlos de los reclusos.
A todos los que visitan a reclusos, los agentes les piden dinero como si fueran “pica pica”. Al que no satisface el reclamo le hacen la estancia imposible. De hecho, los policías de puesto en La Victoria les han ganado a los presos, en lo que a “pedigüeñería” se refiere.
Las largas filas de visitantes son intencionalmente provocadas. A la hora de la salida, los agentes retardan la entrega de la cédula para provocar la impaciencia de los visitantes quienes, deseosos de abandonar el lugar, pagan por la entrega inmediata.
Hace alrededor de seis meses que se produjo un tiroteo en esta penitenciaría, obligando a los visitantes a tirarse al suelo. En esa circunstancia, los policías cerraron las puertas de salida, arriesgando la vida de las personas.
Paradójicamente, las autoridades hacen alarde de la modernización del sistema carcelario: en la cárcel de La Victoria, parecida a una jungla, los seres humanos mal viven como animales.
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