
POR DAVID RAMIREZ
Todo lo que se ha escrito sobre el incendio de Barahona en 1864,es una flagrante mentira, basado en el diario militar del general la Gándara o conjeturas y suposiciones fantásticas, sin documentaciónes históricas que lo avalen. Resistimos o rechazamos aquello que para nosotros no tiene lógica, la quema de Barahona ordenada por Liberata, no la tiene. Ni Sócrate Nolásco ni José A. Robert presentan testimonios dignos de crédito que Angelito Liberata llevase a cabo ese hecho vituperable contra el poblado de Barahona.Juan Gabriel Sánchez, uno de los soldados que supuestamente recibieron y ejecutaron la orden de Liberata de quemar Barahona,era un anciano parcialmente senil (con más de 90 años), cuando Sócrates Nolásco lo entrevistó,por la década de los treinta del siglo pasado,en su casa de Enriquillo.
Debo aclarar que, contrario a Puerto Plata y Santiago, Barahona no era una gran villa, apenas estaba habitado por menos de quinientas personas (en la República Dominicana para aquella época tan sólo una de cada seis personas “vivía en ciudades"). La mayoría de los habitantes en Barahona se encontraban viviendo en bohíos dispersos el uno del otro. Es probable que en el calor de la batalla se quemaran algunas de esas "casas". Tampoco creemos que todos esos bohío estuvieran habitados por mujeres y niños cuando se produjo el incendio,tal como escribe la Gándara en su diario militar, ya que la mayoría de la población,como ocurrió en Neiba y Rincón, prefirió retirarse a los montes o diseminarse en los poblados cercanos,como Cachón,antes de comenzar la batalla.
Cartas del cónsul inglés Martín J. Hood remitidas al Conde Russell entre el 20 de enero al 7 de marzo de 1864 confirma que las tropas española realizaron en Barahona "un ataque combinado por tierra y mar" después de fracasar meses antes, una expedición en solitaria solo utilizando cruceros de guerra.Dice Hood en sus cartas,que la defensa de Barahona, por parte de los insurrectos, era tan fuerte y organizada, que a las tropas españolas no le fue posible efectuar el desembarco y fracasaron.(Ver Roberto Marte "Correspondencia consular inglesa sobre la anexión de Santo Domingo a España"). Cerca de mil hombres de las tropas de la Gándara cercaron la ciudad de Barahona en 1864,según Hood en una de sus cartas,iniciándose de esa manera los ataques feroz con artillerías,obligando a Liberata y sus hombres a huir hacia los montes cercanos.
¿Podría Liberata y sus hombres, con muchos heridos en sus fila, quemar todos los bohíos dispersos del poblado? Claro que no,como hemos visto,la quema es una falsedad urdida por el propio general la Gándara para justificar el ataque y quema parcial del poblado.
Al acusar a Liberata de quemar el poblado de Barahona, el general la Gándara, recurrió a una vieja táctica de guerra que es la de propagar mentiras para ganarse los corazones de los habitantes de las ciudades conquistadas.Resulta que las tropas del "piadoso y humano" general la Gándara son acusadas por Robert y Don Matías de quemar a Rincón cuando no lograron encontrar a Liberata y sus hombres en ese poblado. Para esos historiadores, incluyendo Nolásco, fueron las tropas españolas quienes quemaron la iglesia de Rincón porque allí se bautizó a un hijo del mismo Liberata. Don Matías Ramírez narra que las tropas españolas apresaron en ese poblado a un pobre enfermo de la Buba,un hombre llamado Candelario Báez,que por su enfermedad no pudo escapar a tiempo hacia los montes.Según Don Matía Ramírez, las tropas españolas del general la Gandara llevaron Báez hasta el cementerio y lo fusilaron sin compasión.
Vamos a introducir un poco de sentido común en este asunto; Si las tropas españolas del general José la Gándara fueron capaces de quemar Rincón, muy bien podrían haber sido ellos los causantes del incendio de Barahona. Sobre ese siniestro cabe la posibilidad, también, que en el ataque combinado por tierra y mar, los disparos indiscriminados del estoico artillero de la tropa de tierra del Isabel II, el Marqués de la Concordia y los cruceros de guerras anclados en la Bahía de Neiba, fueran los causantes de los primeros incendios de aquellos bohíos construidos con pencas, o corteza de palma ubicados en la entrada del poblado o en la cercanía de la playa, incendio que luego le fué achacado injustamente a Angelito Liberata.
El general José la Gángara fue un militar obesionado, nervioso, desconfiado de los dominicanos, pensaba que el presidente haitiano Fabré Geffrard era el líder real y patrocinador de la Guerra de la Restauración. Durante las negociaciones para finalizar la anexión de España, el general La Gándara secuestró cobardemente a los familiares (mujeres y niños), de lo jefes restauradores, para intercambiarlos por prisioneros españoles. Fue La Gándara el que recomendó a la reina Isabel II que España retuviera la península de Samaná como compensación economica por los gastos de la guerra, antes de marcharse de Santo Domingo.
Firmado el fin de la anexión española, el general la Gándara dejó la plaza de Santo Domingo con su defensa inutilizada y a merced de los cañones de los cruceros españoles para atacarla cuando quisiesen (Ver Cristóbal Robles Muñoz "Paz en Santo Domingo (1854-1865"), esos cruceros no cañonearon y destruyeron la capital debido al antagonísmos y divisiones que esta desición generó en el seno del ejercito español y sus aliados criollos. Ese fué el general José la Gándara, el mismo que escribió en su diario que en Barahona salvó a mujeres y niños de morir en el supuesto incendio de Liberata.
Para desgracia de los dominicanos, la nueva República llevó, en su seno, los gérmenes de su propia destrucción. El disfrute del poder corrompió a un buen número de restauradores, muchos de ellos hasta traicionaron su origen y a su historia, como Ulises Heureaux.
Siguiendo esta línea de razonamiento, podríamos conjeturar que a Liberata lo asesinaron en Petti Trou los mismos que mandaron a fusilar a Pepillo Salcedo,los que asesinaron en la cama a Pedro Florentino,los que fusilaron cuando ya no lo necesitaron a Manuel El Chivo,los que conspiraron y derrocaron a Gaspar Polanco,los que ascendieron y luego derrocaron a Pedro Pimentel,los que obligaron al general Gregorio Luperón a marcharse al exilio y al final,después de tantas luchas y sacrificios, tantas lágrimas vertidas, tanta sangre derramada, tantas vidas perdidas para restaurar la República, esos mismos conspiradores pertenecientes a la clase más reaccionaria de la nación, le entregaron el gobierno en bandeja de plata al caudillo y anexionísta Buenaventura Báez.Angelito Liberata posiblemente fue victima del "Síndrome de Florentino". Militares decente que formaron parte del Estado Mayor de las tropas restauradoras del general Pedro Florentino, estuvieron o están injustamente estigmatizados por los malos hechos que se le adjudicaron al jefe de los insurrectos del Sur. Muchos heroes restauradores, como Angelito Liberata, hoy son solo personajes olvidados o ignorados de la historia.
Pero ha quedado el mito basado en relatos orales, que pudieron ser parciales y falsos, de que Angelito Liberata incendió el poblado de Barahona en su desorganizada retirada, mito que inocentemente todos los barahoneros hemos creido a lo largo de la historia y que algunos historiadores locales se han encargado de reproducir, muchas veces en abierta contradicción con la verdad histórica, sin investigar a fondo las tramas ocultas de esos relatos orales.
NOTA: Este trabajo de investigación pertenece al capitulo V de mi libro inédito “Enigmas de Barahona” y es exclusivo para Ecos del Sur.
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